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Una bitácora de Alejandro Rivero

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panfleto

Clasificado bajo: Desclasificados — Alejandro Rivero a las 8:11 pm el Miércoles, Mayo 17, 2006

Ya les conté que en la primera Feria de la Ciencia de Madrid (o algo asi se llamaba) estuvimos recuperando el noble arte del panfleto. He husmeado entre las carpetas del viejo Libretto y he encontrado el texto, o al menos una de las versiones preliminares. Aqui lo dejo, “for archival purposes”


Estimados compañeros:

El anuncio de este pequeño ferial sobre la Ciencia en Madrid me ha hecho recordar tiempos mejores, aquellos de los Cabrera, Catalán, Ochoa, y me han dado ganas de rehilar quejas que de cuando en cuando hay que gritar. Así que mientras caliento el café -en una de esas viejas máquinas con diseño de Herón de Alejandría-, voy desgranándoos estas líneas, furiosas y desesperadas.

¿Ven ustedes de cuando en cuando los documentales zoológicos de la televisión? Esos que muestran el colorido de los animales, la naturaleza en flor, la competición en la sabana o la cooperación de una selva tropical. Que cuando lo hacen, se dedican básicamente a indicar finalidades: tal primate hace esto para tal cosa, o tal planta tiene tal color para tal otra. Como si todo estuviera para algo. Como si Darwin no se hubiera molestado en indicarnos cientos de cosas que son totalmente inútiles y que prueban el carácter aleatorio de la evolución. Pero no, es más sencillo vender finalismo y crear un espejo para que el hombre se identifique en él. A mayor gloria de Él sabrá qué. Pero desde luego no en honor de la ciencia.

En vez de propagar conocimiento, se vulgariza. Se hace irreconocible. Se insulta al publico explicando lo que es falso en vez de contar con más suavidad lo que se puede entender. Y digo, compañeros, ¿no os habéis encontrado muchas veces en medio de una fiesta, o en el vagón restaurante de un tren, o a las tantas de la mañana en un bar de refugio noctámbulo, explicando tal o cual punto que no se entendía en los documentales? Sistemáticamente uno encuentra que el espectador no ha logrado entender lo que se exponía; demasiado frecuente el caso para que la culpa esté en el oyente, y más bien apunta la sospecha a lo divulgado, pues el pueblo no es tonto, y cuando se le cuenta una historia alterada, de la deshonestidad intuye la falsedad.

Así la divulgación. ¿Qué hay de la cantera? De nuestro primer Nobel, Don Santiago, se dice que ayudaba a su padre a sacar huesos de las fosas comunes, y que de pequeño aprendió sus primeras lecciones de química volándole a un vecino la cerca con un cañón de pólvora casera. Hoy los juegos de química vienen con tubos de ensayo de plástico, que no pueden calentarse. ¿Habéis visto que ya no quedan “Quimicefas” en las tiendas?

Mal pueden, pues, crecer los chicos en sus casas. ¿Es algo mejor en el colegio? Mirad: la educación obligatoria se considera sólo en el sentido que la pidió Adam Smith, una herramienta para contrarrestar la alienación producida por el trabajo moderno. La educación superior se transforma, desaparecidos los gremios, en un aprendizaje a merced de las necesidades de las empresas, con “intereses sociales” muchísimo menos científicos que los de los editores de divulgación. Las opciones de estudio para adultos se restringen hasta anularlas. No hace mucho una viajera catalana me decía que necesitaba más de un 9 para entrar, vía mayores de 25 años, a estudiar Químicas o Físicas. Bonita faena para los que creyeron que podían ponerse a trabajar en sociedad y luego dedicar un tiempo a las ciencias… ahora les traicionamos y seguro que luego se intentará apuñalarlos, bajo la bandera de alguna privatización y masters de pago. No habrá para ellos Institución Libre de Enseñanza ni Instituto Experimental.

¿Es que hemos de dar clase para formar obreros o, peor aún, ciudadanos? ¿Gente que admite la costumbre sin pensar en razones? Flaco servicio hacemos así a la razón; yo desde luego no doy clases para eso. Los que de verdad damos clases, las damos por otras cosas. Porque tenemos algo bonito que compartir. Porque creemos que hay por ahí una pasión por entender las cosas, por hablar y razonar sobre todo. Porque queremos transmitir lo que se ha dicho y averiguar lo que aún no se ha pensado. O porque nos gusta, qué diablos. Que se nos quiebra la voz cuando recordamos a Hepatia analizando las curvas cónicas o cuando con Barrow repasamos los problemas de integrar el movimiento. Nos retumba algo en el estómago al cantar la Iliada y la nariz llega a arrugársenos de tanto pretarla contra las vitrinas del cuneiforme del British Museum. Nos emocionamos cuando miramos las estrellas o seguimos el hilo de una neurona, y nos alegramos cuando al explicarlo notamos esta misma ilusión en los oyentes.

Y así andamos, fin de siglo y no entendemos de dónde sale eso de que haya sólo cuatro partículas elementales, o cuándo surge la fotosíntesis, o por qué la naturaleza sólo escoge una quiralidad de las dos posibles para los compuestos orgánicos. Estamos derrotados y volviendo a las barricadas. Adiós siglo XX. Bienvenido siglo XVII.

Podríamos quejarnos de los gobernantes, de la casi total ausencia de hombres de saber en los puestos de gobierno. A fin de cuentas, busquen ustedes ministros que vengan de historia clásica o lingüistas o matemáticos o físicos. El último se fue a dirigir la OTAN. Pero no nos engañemos, que el mal anda en el propio colegio: ¿Quién da las clases? ¿Quién diseña las carreras? ¿Quién escribe los guiones de divulgación? Hombres y mujeres de la academia. Presuntos hombres de ciencia, quizás de buena fe, pero que diariamente tratan de engañar a la razón común. Asalariados, en el sentido de que toda su vida es ya sólo la excusa de un salario. Brecht, por boca de Galileo, los llamaba “enanos inventivos al servicio de cualquier amo”. En este panfleto los llamamos más claramente: Traidores.


Acceso libre, gratuito y sin edad límite a los peldaños de Trivium y Cuadrivium, en sentido amplio, las actuales ramas de facultades Humanísticas y Científicas. Si es necesario, que se establezcan líneas fuera de la titulación para los que por cuestiones de dedicación, intereses o tiempo, no quieran afrontar más que parte de las disciplinas.

Fortalecimiento de los grupos de base. Desde los grupos de astronomía amateur hasta los grupos de lectura comunitaria, facilítense medios y locales para sus actividades y para que puedan relacionarse de tú a tu con los grupos fuertes de investigación. ¿No puede ninguna academia facilitar un taller laboratorio de uso público? No sólo de conferencias vive la base. Y aún estas y los cursos ¿por qué no están en la cartelera del periódico?

Restablecimiento de la “tercera columna” de la Junta de Ampliación de Estudios. Esto es, el Instituto-Escuela Experimental, que ponga en relación a investigadores y estudiantes, pero sin capacidad de formación universitaria, para evitar competencias y endogamias. La junta debería componerse de CACyT, CSIC e Instituto.

2 Comentarios en “panfleto”

  1. Kronoss comentaba que:

    No puedo estar más de acuerdo con este noble panfleto, cada vez más se enseña para ser útil a las empresas en vez de para aprender o ser útil a uno mismo, llegando al punto de que actualmente, uno de los principales parámetros (por no decir el principal) que rige el éxito de las universidades es el porcentaje de “colocados” al acabar las carreras y ni de lejos el aprendizaje del alumno y su capacidad para profundizar en el área del conocimiento de su interés.
    Y como dices, solo se te facilita el aprendizaje en un momento determinado de tu vida, ya que cada vez se dificulta más el acceso al conocimiento a personas demasiado jóvenes o demasiado mayores.
    Quizá estaría bien la creación de una especie de Academias gremiales, en las que cualquiera pudiera enseñar libremente lo que quisiera a quien quisiera escucharle, por muy empresarialmente incomprendido que sea ese conocimiento, laboratorios de cultura libre con tubos de cristal para niños y libros de texto para mayores de 25 años.
    También sería un avance que en las universidades te pudieran certificar una especie de “licenciatura abierta” en la que todos los créditos fueran de libre elección, pudiendo combinar cualquier extraña mezcla de conocimientos imaginable.
    Pero al final todo esto quizá sea demasiado soñar, nadie quiere que cualquiera pueda aprender libremente lo que le plazca.

  2. davidr comentaba que:

    No creo que sea un problema de medios, me parece mas bien un problema cultural. La sociedad como conciencia colectiva no valora ni el conocimiento, ni la erudicion ni la investigacion, sino que promueve valores totalmente contrarios.

    Quizas sea una forma perversa de optimizacion en una sociedad que requiere obreros y no pensadores para funcionar a pleno rendimiento..

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